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Como vaya viniendo vamos viendo…

Muchas veces la espontaneidad de los Latinoamericanos puede llegar a confundirse con improvisación.

Basta una llamada telefónica con la sempiterna frase  “¿qué estás haciendo?” para que en menos de lo que cante un gallo se arme un grupote para ir a la playa, ir al cine o un “vente para mi casa que aquí inventamos algo”. Pareciera que esperamos hasta el último minuto para saber qué vamos a hacer o ver si sale algo mejor. Y es aquí cuando nos quedamos sin plan, pero no sin alguien que nos rescate, porque siempre hay algún amigo que sí tiene planes y con la mayor naturalidad del mundo te dice “yo tengo una parilla, o unos quince años, o un matrimonio… si quieres te vienes”.

Y no importa que uno no conozca a los dueños de la casa, ni a los novios o a la familia de la quinceañera. Con toda seguridad uno será bienvenido al evento (los hay incluso que se sientan en la mesa del círculo íntimo de la familia). Beberá y comerá gratis. Se conseguirá con otros amigos que también estaban invitados y te preguntarán “chico ¿y qué haces tú aquí?” y además de ser el último en irse de la fiesta, con toda seguridad al día siguiente será comentario obligado cuando digan “¡Oye que simpático el amigo que trajo fulano a la fiesta!”.

La cosa se complica un poco más cuando se trata de un viaje más largo, pero no por eso imposible. Reservaciones de hotel y pasajes de avión que estaban agotados, aparecen por arte de magia, y hete aquí que sin planearlo mucho te pasaste las mejores vacaciones de tu vida. Y encima tenemos el descaro de decir “es que las cosas no planificadas son las que mejor salen”.

Nosotros somos de los que pasamos por la casa de un amigo y sin avisar nos bajamos a saludarlo. O pasan con el carro, tocan la corneta, y sin importar si su amigo vive en el cuarto piso, le pegan un grito para que baje. Somos de los que nos despedimos con un “te llamo para que almorcemos”, pero nunca llamamos;  “A ver cuándo nos tomamos un café”, aunque no tomemos café; y  “a ver si salimos un día de estos” aunque ese día nunca llegue. Y no porque no queramos volver a ver a esa persona. Muy por el contrario el comentario viene porque nos encantaría compartir un poco más, pero nunca lo planificamos.

 
Reconozco que desde que vivo en Estados Unidos me hace falta mucha de esta “improvisación”. Sobretodo cuando a mediados de Febrero le pregunto a mi hermana que va a hacer en las vacaciones de Diciembre y me contesta que si me volví loca, que aún no ha pensado lo que va a hacer para carnaval…



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.