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Cuéntame qué pasó anoche…

Latinoamericano que se respete ha visto por lo menos una vez en su vida una novela. Sí, me refiero a esos dramones que, ocupan gran parte de la programación de nuestra televisión. Las mujeres de seguro. Si no la ven, la graban. Y si no pueden hacer ninguna de las dos, siempre cuentan con una amiga que se la cuente a primerísima hora de la mañana.

Con los hombres la historia es un poco diferente, porque dicen que “macho que se respete no ve novelas”.  Si como no. Dirán ellos que no la ven, pero están enteraditos de toda la trama con la excusa de “mi mujer no me deja cambiar el canal”. Falta que uno vea un pedacito, o haga la pregunta de ¿quién es ese?, para quedar enganchado.

¿Acaso no recuerdan una vez que se paró todo Brasil por la final de “Vale Todo”? Y qué me dicen del presidente que terminó su cadena televisiva, so pena digo yo, que la esposa lo botara de la casa por arruinar su capítulo de la noche.

Lo peor es que la trama con más o menos variantes, es casi siempre la misma: la niña pobre de pueblo, boba e ingenua hasta más no poder pero que está buenísima, que se viene a trabajar a la ciudad como empleada de una familia muy rica (que pareciera que nunca trabaja) cuyo hijo, mayor o menor (eso no tiene la menor importancia) se enamora de ella, pero la mamá se opone porque quiere que se case con una de su “clase”, que generalmente es una archi-villana confabulada con otro que se supone es ricachón (pero que en verdad está en la ruina) que también está interesado en la niña boba porque sabe que es la hija fruto del pecado del papá de la familia muy rica. Eso sí, nada de incesto porque resulta que el niño de la casa (muy importante es que tenga un nombre compuesto como Augusto Sebastián o Francisco Alberto) ¡oh sorpresa! es adoptado.

Las historias de las novelas son de llorar y no parar. A pesar de sabernos la trama y el desenlace final, capítulo a capítulo las vivimos, sufrimos y padecemos como si de nuestra familia se tratara. Mexicanas, Brasileras, Peruanas, Chilenas, Argentinas, Colombianas, Venezolanas… Aquí podríamos estar horas recordando las tantísimas que hemos visto. Lo que si es seguro es que han marcado parte de nuestra vida, ya sea con un personaje, una frase, un modismo. ¿Será de allí que seamos tan cuenteros?



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.