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Guerra avisada no mata soldados… O cómo salir con un gringo sin morir en el intento

En mi país cuando un hombre te invita a salir es generalmente porque le gustas. Punto. No implica ningún compromiso, ni sigue ninguna regla. Porque cuando te invita es eso: sólo una invitación. Dependiendo de lo que quiera, si es acostarse sólo contigo (¡subrayo el sólo porque ellos siempre quieren acostarse contigo!) o le interesas para establecer una relación, te seguirá llamando para ir al cine, salir a comer, a pasear. Y todos sin excepción te llamarán con cualquier excusa, te complacerán, te protegerán, te atenderán y te harán sentir como una reina.

Tal vez los habitantes de este lado del continente también sientan así, pero piensan y lo demuestran de una manera muy diferente. Aquí todo comienza con un “date” que aparentemente va más allá de una invitación a salir. Pareciera que un “date” presupone que la persona te gusta sí o sí.  Es decir que todo aquello de la escalada por la conquista se da por sentado, porque ya estás adentro. O medio adentro porque el “dating” SI viene con unas reglas muy claras para ellos, pero muy  muy diferentes para nosotros. Si están solteros en este país más vale que las conozcan. Y lo digo para ambos bandos.

Cierta noche, cenando con un “date” (era la primera cita) tuvo la gentileza de darme a probar de su plato (de hecho lo pidió porque yo nunca había probado la raya), con la mala suerte que estaba mala. Pero no de sabor, porque eso se disimula; estaba piche, pasada. Sabía a puro amoníaco. Con toda la pena del mundo tuve que salir corriendo al baño y tratar de regresar lo menos descompuesta posible. Sin embargo a pesar del incidente y el no haber podido comer nada más, la noche transcurrió divinamente. Casi al nivel de la atención y galantería de un hispano. Me sentía en las nubes…

Y fue de esa nube que me caí al día siguiente cuando no me llamó en la mañana para preguntarme cómo había amanecido. (Ya me había parecido raro que no llamara para saber cómo había llegado a mi casa) ¡Un hispano a la conquista jamás hubiera desaprovechado esa oportunidad! Pero tampoco llamó, ni texteó, ni mandó un e-mail aunque fuera chiquitico, en la tarde… Ni en la noche. Mala cosa, pensé yo, pero aún me quedaba el beneficio de la duda…. Ya cuando no llamó al segundo día a ver si estaba muerta me dije (entre tantas otras cosas) Iraima, esto no va para el baile.

Pero para mi sorpresa llamó fue al tercer día, (por supuesto sin tener ni idea de la fiera con la que se iba a conseguir)  y como él mismo me explicó: “Si te hubiera llamado al día siguiente, hubieras pensado que me interesabas demasiado y no me hubieras tomado en serio”. Es parte de las reglas del “dating” ¿Qué tal?



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.