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Los modales en la mesa

Yo digo que todas las mamás de Latinoamérica fuimos a la misma universidad. Porque si no, cómo es posible que siendo de países tan diferentes y sin conocernos siquiera acabemos repitiendo siempre lo mismo: “baja los pies de la mesa”, “no comas chicle como una vaca”, “ponte la camisa para comer”,  “saluda a todas las personas al llegar”, “mira a los ojos cuando te están hablando”, “si no te invitan a pasar no pasas de la puerta”, “nada de pedir, espera a que te ofrezcan”…

Donde más notorio se me hacen las semejanzas con las otras mamás es a la hora de comer. ¡Ay! del niño que coma con la boca abierta, (eso sólo la hacen las vacas); o que hable con la comida en la boca. Amén de recostarse o poner los codos sobre la mesa.  Y nada de pizza, sandwich o nuggets para comer . “Aquí te alimentas completo, y no te paras de la mesa hasta que termines” o “vas a  comer lo que hay que esto no es un hotel”¿Les suena?

A nosotros desde chiquitos nos enseñaron a usar correctamente el cuchillo y el tenedor porque si no “vas a pasar una pena horrible cuando te inviten a una casa” (y créanme que eso de aprenderlo de grande puede convertirse en una tortura).  Nada de agarrarlos como cavernícolas, ni servirse al plato con las manos.  En eso de verdad que soy una generala, porque no creo que se trate de ser refinada sino de respeto hacia los otros comensales.

La primera vez que finalmente logré que un amiguito de mi hijo se quedara a comer vino acompañado de “mami prométeme que te vas a portar bien en la mesa”.

Al principio no entendí muy bien a qué se refería con ese comentario, hasta que vi los modales del amiguito. ¡Les juro que era de pronóstico reservado! Mi hijo me pelaba los ojos en señal de que no fuera a abrir la boca y casi estuvo a punto de lograrlo si no hubiera sido porque se me salió la madre que todas llevamos por dentro. Le expliqué al amiguito que le iba a enseñar como utilizar los cubiertos, una lección que le iba a servir para el resto de su vida.

Creo que si mi hijo me hubiera podido pulverizar en ese momento lo hubiera hecho. Aquél niño se notaba que estaba pasando trabajo (¡y hambre!) porque no acertaba a picar la carne. Tanto así que cuando hizo el amague de protestar, mi hijo lo paró en seco diciéndole “no te quejes que todavía no te han puesto los libros debajo de los brazos”.

Ningún esfuerzo por enseñarle buenos modales a nuestros hijos es trabajo perdido. Con el tiempo siempre nos lo agradecerán!



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.