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Políticamente incorrecto

Viviendo en Chicago una vez me llamaron del departamento de recursos humanos porque alguien me acusó de haber llamado a alguien Negro. “¿Cómo?” Respondí indignada, “eso es imposible. A mi me sabe a rábano el color de la gente.... Nosotros no tenemos problemas de racismo, porque allá el que no ha tirado flecha ha tocado tambor”(refiriéndome a nuestros ancestros...). Pero tanto dió la directora  de HR que al final caí en la cuenta que tenía razón. Sí había llamado a alguien Negro y no una, sino varias veces: El Negro Aulestia...

Y aquí fue cuando entré en cólera por querer acusarme  de ofensiva y despectiva…

Cómo explicarle que ofendido se va a sentir el Negro Aulestia, si lo llamo Luis. De hecho no creo ni que me responda. Nadie que lo conozca lo llama Luis, porque él se presenta diciendo “Mucho gusto, el Negro Aulestia”…

Cómo explicarle que Indio, Chino, Gorda (aunque se haya vuelto flaca), Flaca (aunque se haya vuelto gorda) aunque se llamen apodos, son nombres propios de afecto, de cariño, y aunque lo tratemos de explicar no es el equivalente a Honey, ni Sweetie, ni Pumpkin Pie
 
Porque si algo tenemos nosotros, los Latinoamericanos, es que le ponemos apodo a todo. Nos encanta un apodo. Puedo apostar mis dos manos a que más de uno de ustedes tiene algún conocido al que lo llaman Pollo, Coneja, Charro, Rata, Turca y además seguido por su apellido. La lista puede ser interminable.

Y ojo que no me refiero a los apodos que inventamos al instante: Caja Fuerte” (porque no se sabe combinar ) o “ Best -seller” (porque siempre está agotado). Me refiero a los apodos que se han vuelto nombres propios porque te identifican. Te hacen especial. Te distinguen del resto. Ese que escuchamos al son de “mami ¿qué será lo que quiere el negro?” Ese nombre que en este país podría ser políticamente incorrecto pero que yo prefiero llamar afectivamente correcto.



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.