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Que Pena con Peña

La escogencia del nombre de un hijo es una gran responsabilidad. Sobretodo en nuestros países donde lo que abundan son nombres de santos, santos compuestos, combinaciones de dos, tres y hasta cuatro nombres y más de un padre que se la da de creativo.

Sin embargo ya he perdido la cuenta de las veces que me he conseguido a un Bernardo con cara de Héctor, y a una  Andreína con cara de Petunia. Sencillamente el nombre no les combina.  Pero la cosa se complica un poco más cuando se mezcla el nombre con el apellido. De allí que más de uno conozca a una Dolores de Barriga, Lisa Cabeza o Margarita Gigante.

Y todo esto se los cuento porque al poco tiempo de vivir en este país, mi hijo cuyo nombre y segundo nombre se convirtió en todo un debate familiar, llegó un día a la casa y sin anestesia ni  pasar por go me dijo que se quería cambiar su nombre de Guillermo a William. Imagínense mi cara… La razón: “así es como me llamo en inglés y Guillermo nadie lo puede pronunciar." (Alguien que no hable español, pensé yo). Y se lo creo porque ya en la guardería cuando lo iba a buscar escuchaba “…hey G your mom is here…” La situación quedó zanjada cuando le dije que intentara pronunciar en inglés el mio: Iraima. (este si es verdad que no tiene sustituto). La única manera que lo recuerden es si viene acompañado de la explicación “ear- eye- ma”, y no precisamente porque signifique eso.



A todos en el colegio nos enseñaron que los nombres propios van con mayúscula y no siguen ninguna regla. Por eso me niego a que si llevas cinco, diez, veinte años llamándote Pedro, cambies el nombre a Peter. O si eres Juan  te conviertas en John. O de Miguel a Michael. Para serles honesta, creo que todo se reduce a aprender a pronunciar. No digo que sea fácil. Se que unos nombres costarán más que otros. Pero a la final lograremos que en vez de decir Sen Frencisco, digan San Francisco (nombre de santo y por demás Hispano), con A de apple, como debe ser.



La batalla por los nombres que si no creo vaya a poder ganar es la del rescate de la letra Ñ. Y lo siento mucho por Begoña, Zuñiga, Goñi, Peñalosa, Montaño, Bolaños. Indiscutiblemente les pasará como a Peña, que de un día a otro pasó a ser Pena y no ajena.



Encuentros y desencuentros de hispanos en USA

Oir hablar español a una persona y preguntarle de qué país viene, van agarrados de la mano. Por eso los invito a todos, cachacos, chilangos, gochos, paisas, porteños, ticos, catrachos, andinos, costeños, boricuas, charrúas, chapines, jarochos, y alguno más que se me escapa, a compartir los encuentros y desencuentros de su vida en Estados Unidos. Chido, ¿no? O es más bien ¿chévere? ¿O bacano?. Espero aquí se vean reflejados.